| Dolorosa noticia para la familia taurina navarra la
que nos deparó el año 2002 en sus comienzos. El empresario
y ganadero pamplonés César Moreno Erro falleció
tras un breve periodo en cama de poco más de un mes. El reloj
de la vida tiene un fin inexorable para todos, y el de César
Moreno llegó al término de su andadura cuando contaba
87 años. Ocurrió el 21 de enero pasado. Fue un día
triste de duelo que quedó subrayado en el recuerdo y colgó
un crespón de luto en los anales del Club Taurino. Perdimos al
socio de honor más antiguo, cuyo nombramiento está fechado
el 15 de mayo de 1949.
Había alcanzado ya el rango de octogenario, lo que no afectaba
lo más mínimo a su dinamismo y vitalidad, propia de un
hombre que siempre supo ser joven. Salía todos los días
a la calle; a media tarde acudía a “Monteverde” (su
finca de Ostiz) pero antes tomaba café con sus amigos en la tertulia
taurina del bar Picasso. Dialogaba, discutía, opinaba con buen
criterio y animaba la reunión. En los últimos tiempos
siempre iba acompañado por su querido sobrino y colaborador Lalo
Moreno, contertulio también en el Picasso. Y precisamente cuando
se disponía a salir del establecimiento, tras concluir la tertulia
el 30 de noviembre pasado, sufrió una caída y se fracturó
la cadera. Tuvo que ser operado, inició la recuperación
con normalidad, pero posteriormente surgieron complicaciones que no
pudo superar y sobrevino la irreparable pérdida.
Fue impresionante el gentío que acompañó a César
Moreno hasta su última morada. El Club Taurino envió flores
y estuvo representado por muchos de sus socios y directivos. No cabe
duda que César Moreno contaba con infinidad de amigos que lo
apreciaban, y tenía unos hijos y nietos que lo adoraban y estuvieron
junto a él hasta el final.
Su silla quedó vacía en la tertulia
Los que nos honrábamos
con su amistad y manteníamos con él un contacto diario,
seguimos echándolo en falta. Su silla (siempre entre la de Martín
y la de Jorge) quedó vacía en la tertulia, que ya no es
la misma desde que no se escucha su potente voz. Lo recordamos cuando
entraba al bar, y el camarero le servía un café cortado
y los cuatro paquetes de cigarrillos que fumaba diariamente. Siempre
tenía un pitillo encendido; pero más que fumar, quemaba
el tabaco sin aspirarlo a fondo. Los contertulios fijos, Jesús
Zúñiga, Martín García, Jorge Ramón
Sarasa, Rafael Baranda, Emilio de Hita, Lalo Moreno y este servidor
de ustedes, tuvimos oportunidad de conocer y estimar la convincente
personalidad de César Moreno. Hombre inquieto, de ideas claras,
reflejos rápidos, un gran sentido del humor, y amigo de sus amigos
con el talante y simpatía característica de toda la familia
Moreno.
Compartíamos con él una misma afición, la taurina,
que en César Moreno comenzó siendo niño, cuando
vevía en el hotel “La Perla” (de sus padres) a los
toreros que venían a San Fermín. Pasaron los años
César Moreno en su juventud trabajó en el negocio familiar,
tuvo después una granja avícola, y fue director de la
“Electra Valdizarbe” hasta su jubilación. Todo esto
en el plano profesional, lo que no impidió que su afición
taurina tomara cuerpo y en 1944 decidió hacerse criador de ganado
bravo.
Y hay que señalar que desde siempre compartió juntas la
afición al toro y al caballo. Destacó como avezado jinete
y en su juventud ganó concursos, e incluso rejoneó con
éxito en algunos festivales.
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